Matías Duville presentó su individual Hotel Palmera en Colección Amalita, tal como se la conocía a su fundadora, Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1921-2012).
La exhibición, con curaduría de Gabriel Pérez-Barreiro y Lara Marmor, se desplegó con un año de demora en el edificio diseñado por Rafael Viñoly en Puerto Madero (Olga Cossettini 141).
En un juego de opuestos, de escalas y materiales, Hotel Palmera invitó a una inmersión en el mundo de Duville. Dio a conocer en profundidad su proyecto artístico, a partir del recorrido de una serie de nuevas instalaciones y la presentación de una colección de dibujos pertenecientes a distintas etapas de su carrera. La exposición estimuló a los observadores a sumergirse en los paisajes atemporales de Duville, mezcla de geografías reales e ilusorias. Éstas aparecen como representaciones de la naturaleza y lo que atenta contra ella, centrales en su obra. A propósito de la muestra, el escritor César Aira escribió un cuento.
Hotel Palmera
¿Alguna vez llegaremos a atravesar el umbral de la dimensión duvilliana? ¿Podremos infiltrarnos en las incisiones de las pinturas, tirarnos de cabeza en piletas sin fondo o girar hasta perder la razón en remolinos causados por trombas inesperadas? Muchos conocemos los dibujos, los collages y los videos, inclusive recorrimos las instalaciones de Matías Duville, pero ahora el artista abrió las puertas de Hotel Palmera para compartir su obra de manera radical, con nuevas instalaciones y una colección de dibujos pertenecientes a distintas series realizadas lo largo de su carrera.
Para Matías Duville –oriundo de la ciudad costera de Mar del Plata– el mar es una religión. Entonces, antes de poner un pie en la sala, sugerimos al público cambiar de piel, vestirse con un ajustado traje de neoprene y saltar sin miedo de lado a lado. Invitamos a los espectadores a bucear en su obra y percibir la extrañeza que generan los paisajes atemporales creados por el artista. Son representaciones gráficas de la tierra creadas a partir de reconstrucciones, algunas hechas por la memoria y otras inventadas.
La exposición propuso un recorrido por los distintos procesos de experimentación con soportes y materiales con los que Duville, siempre infatigable, construye su imaginario, pero por sobre todas las cosas deseamos que los visitantes encuentren, paradójicamente, la sensación de pérdida de brújula, ese estado anhelado e incómodo a la vez de desorientación que nos invade cuando estamos en un lugar extranjero, extraño. En esta dirección, el ojo correrá la atención del virtuosismo técnico que se desprende de las obras y despojados de las ataduras de la razón, propusimos ingresar en el vasto terreno de la ficción que creó Matías Duville.
Conformada por cuatro grandes instancias, Hotel Palmera se encuentra ordenada por dos vectores que atraviesan tanto a la exhibición como a toda la producción del artista: la relación entre superficie - profundidad e interior - exterior. Bajo esta concepción, junto al artista concebimos al espacio arquitectónico del museo no como un lugar contenedor; el diseño de la exposición está relacionado con las obras. Aquí ninguna pieza está desligada de otra, las imágenes rebotan entre sí, se hacen eco, se acompañan en un todo magnético, envolvente y totalizador.
El punto de partida de la muestra es una sala formada por enormes pinturas hechas con acrílico e incisiones realizadas por un martillo sobre el aglomerado. Estas huellas hechas por la cara de la herramienta oxidada por la bruma marítima dan forma al paisaje y a su vez penetran en la realidad objetiva (la madera) para atravesar la superficie y entrar en la ficción. Forma y contenido son parte de una relación irreductible porque la atmósfera de los paisajes de Duville se encuentra íntimamente relacionada a la naturaleza del material y el modo de trabajarlo.
La música creada por Centolla Society –la banda que Matías comparte con su hermano Pablo– también estuvo presente en Hotel Palmera. Para el artista la música es parte de su statement [declaración de principios]. Para Duville el sonido siempre fue y será el mejor medio para viajar de un lugar a otro. Una composición ambient y psicodélica acompañará de arriba hacia abajo, de afuera hacia adentro y viceversa todo el trayecto hacia pasados remotos, futuros desconocidos o por el mismísimo presente imaginado por Matías Duville.